Países privados
Historias de fundadores, de fantasías libertarias y utopías capitalistas.
Hace ya algunas semanas por esta vía presentamos un libro donde Greg Grandin señala como la tradición de una ciudad, fundada por la arbitrariedad del capricho, por un individuo singular de la especie, que encarna su tiempo y modifica el mundo con su voluntad, se actualizaba en el siglo XX. Entonces es un empresario, Henry Ford en su libro, Fordlandia, quien con su fortuna da inicio a una utopía capitalista. También, más atrás en el tiempo, con El encanto del tanino apareció la idea de una suerte de Estado privado paralelo. Ahora es Raymond B. Craib quien recoge esa tradición, partiendo otra vez de un caso, una persona que quiere fundar su país, pero con ansias de sistematizar la idea del sueño libertario, y sobre todo de dar cuenta del proceso global que se instancia en estos proyectos quijotescos. Hay, dice Craib, causas, efectos y significados en estos ‘’sueños de salida’’.
El puntapié que desata esta historia es Michael Oliver, de su efímera República de Minerva. Con él abre el libro, y nos cuenta: Érase una vez un hombre rico que se propuso fundar su propio país. Encontró un arrecife poco profundo sobre el que las aguas de un vasto océano habían golpeado desde tiempos inmemoriales. Contrató una empresa para que dragara el fondo del océano y depositara la arena en un arrecife. Nació así una isla, sobre la que el hombre hizo construir una plataforma de hormigón, plantó una bandera y declaró el nacimiento de la República de Minerva. El monarca de un reino insular cercano no se dejó impresionar. Abrió las puertas de la única carcel de su reino y reunió un ejercito de prisioneros. El monarca, sus convictos y un cuarteto de músicos de viento-metal embarcaron en el yate real y descendieron sobre el arrecife, donde rápidamente arriaron la bandera, destruyeron la plataforma y depusieron, in absentia, al hombre que sería rey. Y Minerva fue devuelta al océano.
Países privados: historias del sueño libertario es un libro sobre todo aquello que sucede a gran escala para que esta especie de fábula tenga lugar. Contiene la conceptualización analítica de lo que es la ideología libertaria (que reconoce la inextricable presencia del Estado como garante del mercado, pero selectivamente se oponen a que ocupe el papel que le ven tener en su tiempo) como base de la utopías contractualista de Michael Oliver en su experimento moral, como le llamaba, donde las libertades individuales son elevadas a la enésima potencia. Pero también, además de encuadrar estos diseños imposibles de un mundo que se piensa como una tabula rasa sobre el que escribir, enfoca la realidad efectiva de las historias de esos lugares donde este empresariado monarca pretende imponer su dominio; historias de ignorancia y subestimación por un lado, de resistencia o traición (muchos, naturalmente, se acomodaron a esta fantasía libertaria importada para salvar su propio destino político o lucro) por el otro. No es inocente, dice Craib con toda claridad, que Michael Oliver buscase colocar su Minerva en lugares que estaban transitando un proceso de descolonización.
Los últimos capítulos de Países Privados los dedica a presentar las iteraciones actuales de estos proyectos (limitándose a los esfuerzos terrestres). Uno de ellos arranca en el 2008, mientras el presidente de Kiribati se lamentó en la ONU por tener que planificar para el día en que ya no tenga país, dada la subida del nivel del mar que el Antropoceno implica, un grupo de empresarios, ingenieros e inversores de la superclase digital de Silicon Valley, se reunieron en San Francisco para planificar un nuevo país que harían aparecen en el océano. Nacía el seasteding;, cuya premisa básica es sencilla: construir colonias flotantes privadas y soberanas en alta mar. Estas plataformas serían móviles, autosuficientes y, lo más importante en esta historia de sueños y utopías políticas, autogobernadas.
Los sueños de salida no están de vuelta; siguen ahí sin haberse ido, y la base ideológica que los sustenta como un escape al capitalismo regulado por un Estado que integra la economía de mercado a las democracias liberales es cada vez más fuerte, tanto simbólica como materialmente. Por eso presentamos Países Privados; queremos herramientas para pensar ese mundo donde los países, tal vez, se vuelvan un amenitie que algunos pueden pagar.



La dinámica observada tensiona el eje Redes, al desplazar capacidad de decisión desde la esfera pública hacia entramados privados con influencia sistémica. No se trata necesariamente de pérdida formal de soberanía, sino de una redistribución operativa del poder dentro del mismo territorio. El equilibrio estatal no desaparece, pero se reconfigura en torno a nodos de influencia económica que condicionan la arquitectura política. El resultado es un sistema híbrido donde la autoridad se fragmenta sin extinguirse.
∞ → Concentración privada de capacidad estratégica
→ influye sobre decisiones públicas
→ reconfigura Redes de poder interno
→ desplaza control sin alterar fronteras formales
→ retorna a equilibrio híbrido de autoridad fragmentada. ← ∞
Me gustaría conocer vuestro catálogo